Capítulo 7: ¿Dónde están los compositores?

Por: José “Pepe” Ojeda

La música tiene una capacidad especial para comunicar sentimientos y expresar el alma. Sin embargo, en las últimas décadas la función de la música se ha desvirtuado al punto de convertirse en una forma de entretenimiento decadente, muchas veces de carácter vulgar y ofensivo.

Esto no siempre ha sido asi. Existen canciones con mensajes para dar aliento a personas que están pasando por situaciones difíciles.

En tiempos de guerra, un himno ha elevado la moral de todo un ejército para inspirarlos a obtener la victoria.

Una canción puede impartirle paz a un niño para dormir o puede también derretir el corazón de un ser amado.

En fin, no podemos negar que la música puede ejercer una fuerte influencia sobre quien la escucha y es uno de los más elocuentes medios de expresión que existen. Históricamente, las canciones han probado ser medios efectivos para expresar y promover maneras de pensar, filosofías o creencias. También han sido el medio que un compositor utiliza para protestar por abusos políticos o religiosos. En países como Rusia, Cuba, Polonia y Brasil la música de protesta ha sido efectiva para denunciar las injusticias de gobiernos opresivos.

La música puede también ser un medio para romper la mordaza de un país que sufre censura bajo un sistema totalitario. En lugares donde el derecho a la libre expresión se suprime, la música ha sido un vehículo efectivo para informar y despertar la conciencia de un pueblo. Muchas veces, esa música se distribuye subversivamente o en secreto para llegar a la mayor cantidad de gente sin ser detectada por los opresores. Este tipo de música “underground” sirve de inspiración y aliento a quienes luchan por mantenerse firmes en sus creencias y convicciones, aún cuando estas son amenazadas por el sistema.

Hoy la Iglesia sufre persecución y con cada año que pasa el acoso hacia los hijos de Dios crece. En el mundo se han levantado ideologías y creencias que constituyen un desafío a la fe cristiana. Los medios liberales de hoy son utilizados para manipular la opinión pública poniendo al pueblo en enemistad con la Iglesia y con la comunidad cristiana en general. Ahora predominan los artistas que con sus canciones y videos apelan a lo insólito, lo controversial, lo obsceno y lo ofensivo con tal de estar en boca de todos y obtener fama. Una vez lo logran, su éxito los convierte en modelos a seguir, exaltando así la estrategia de hacer cualquier cosa con tal de ser famoso. Sin embargo, en realidad estos artistas son solo un reflejo de cómo los valores han sido trastocados y del estado deplorable en el que se encuentra nuestra sociedad.

Mientras tanto, veamos qué uso le ha dado la Iglesia a un recurso de expresión como la música en los últimos años y notaremos que al igual que en la cultura de este mundo, el uso de la música en la cultura de la Iglesia ha sufrido cambios muy similares:

En la comunidad cristiana de hoy, sobran los artistas de música sacra que se dedican a producir y vender sus “canciones de adoración” para que los cristianos las canten en sus iglesias. Estos artistas cristianos tal vez no recurren a las mismas estrategias controversiales que utilizan los artistas del mundo, pero muchos viven con el mismo afán por el éxito que tienen los del mundo. Cuando dicho afán se convierte en el motor que mueve la vida de un adorador, entonces lo que tenemos es alguien que en el fondo adora al éxito antes que a Dios.

Vivimos la vida cristiana encerrados en nuestros templos haciendo eventos y conciertos para nuestro propio “entretenimiento santo”. Cantamos las canciones de los artistas cristianos que nos gustan y nos hacemos fanáticos de ellos. Esto, sin embargo, es conflictivo porque no es posible adorar a Dios siendo fanáticos y mirando como ídolos a aquellos que dicen que lo adoran. La cultura de farándula que predomina en la experiencia devocional de la Iglesia nos ha convertido en consumidores del material enlatado que las grandes franquicias comerciales cristianas nos venden como “worship”.

Nos hemos vuelto imitadores de estos ministerios famosos. Las mayoría de las canciones originales que muchos grupos de adoración tocan en las iglesias son clones de las canciones de estos modelos y franquicias que nos han convertido en adoradores genéricos. De igual forma, muchas emisoras de radio cristianas se ven obligadas a tocar esos mismos “hits” cristianos para así mantener sus ratings de programación.

Es irónico ver cómo muchas de estas emisoras le sirven a un mercado cristiano cerrado que ya no alcanza al mundo, teniendo hoy la plataforma tecnológica más efectiva para hacerlo. Basta con solo escuchar casi cualquier emisora cristiana por una hora para comprobar si entre todas las canciones que ahí se escuchan hay al menos una que contenga un mensaje evangelístico o un mensaje dirigido a la gente que necesita conocer a Dios. Haz la prueba y verás que apenas las hay. Las canciones cristianas que se componen hoy son en su mayoría canciones diseñadas para el consumo interno de la comunidad cristiana exclusivamente. Se ha perdido el interés por alcanzar a un mundo que se pierde.

¿Dónde están los verdaderos cantautores que escriban música con un mensaje que transforme?

¿Por qué ya casi no se escuchan canciones que hablen del llamado al arrepentimiento que tanto hace falta en este tiempo?

¿Dónde están los escritores que reten al sistema con canciones cuyos mensajes vayan contra la corriente hedonista de este mundo?

¿Por qué no existe una música cristiana de protesta que tenga la valentía de confrontar la manera necia de pensar que infecta la sociedad de hoy?

¿Dónde están las canciones con mensajes que validen y defiendan nuestros valores y creencias? 

Esos mensajes están muy escasos en la música cristiana de hoy porque los mismos no producen el volumen de ventas que producen las canciones de “adoración”. Además, el miedo a la censura ha callado las voces que tanto hace falta escuchar en este tiempo.

Hoy día, muy pocos alcanzarían el éxito en ventas cantando canciones inspiradas por el Espíritu Santo que confronten a la gente en vez de complacerla, pero ¿quién dijo que el llamado de un ministro de Dios era el de alcanzar el éxito y la fama? El afán por el éxito lo que hace es motivarnos a entretener en vez de confrontar. Confrontar a la gente con la convicción del Espíritu Santo para arrepentimiento es una amenaza a los intereses de un artista o compositor de música sacra cuyo deseo sea triunfar en la industria de la música cristiana. Por lo tanto, nadie cuyo afán sea tener fama y éxito haría la voluntad de Dios porque el conflicto que existe entre el protagonismo y la obediencia a Dios es evidente.

Es imposible hablarle a un mundo que necesita a Cristo si no nos atrevemos a enfrentarnos a la sociedad en la que vivimos. A muchos cristianos les da terror “contaminarse” con las malas influencias seculares del mundo y optan por vivir encerrados en su ambiente religioso para alejarse de ellas. Sin embargo, en vez de intentar en vano “consagrarnos” encerrándonos en nuestro supuesto entorno de seguridad espiritual, deberíamos ser nosotros los que ejerciéramos la influencia de Cristo en la sociedad. Deberíamos ser nosotros los que afectemos al mundo en vez de ser los primeros que salen corriendo a esconderse en el templo para escapar de la ‘contaminación’ que hay afuera.

¿No somos sal de la tierra y luz para este mundo? (Mateo 5:13-14) Se supone que seamos nosotros los que conocemos la verdad que el mundo tanto necesita. ¿Me pregunto si la conocemos realmente? Si realmente la hemos conocido, ¿por qué nuestra vida y nuestra música no reflejan lo que debería ser el fruto de vidas transformadas por Cristo? Tengo noticias para ti. Si no procuramos ser transformados por la obra del Espíritu Santo en nuestros corazones, entonces esa contaminación de la que tanto huimos ya está metida dentro de la Iglesia. La trajimos nosotros mismos y la entronamos en nuestros altares.

Para conocer el alma de un pueblo o nación, basta con solo escuchar su música. La música es un reflejo del estado espiritual de una sociedad. Vivimos en una sociedad hedonista que solo busca en la música el placer y el entretenimiento. Dicha tendencia es evidente en la música popular que se escucha en los medios hoy.

Sin embargo, aunque la música cristiana tenga líricas diferentes a las del mundo, lo cierto es que la hemos reducido a ejercer la misma función de vano entretenimiento, placer y auto-gratificación que vemos en eso que llamamos “música secular”. Por lo tanto, aunque nuestras canciones supuestamente contengan “letra sacra” que las cualifique para llamarse “cristianas”, en el fondo estamos haciendo exactamente lo mismo que el mundo hace y terminamos siendo iguales al mundo del cual nos pretendemos separar.

Entonces de igual forma, para conocer el estado espiritual de la comunidad cristiana de una nación, solo tenemos que escuchar su música. La música nunca miente y siempre reflejará nuestro estado espiritual tal como es. Entonces, ¿qué es lo que nuestra música está reflejando de nosotros ante el mundo?

Dios, que mira el corazón, no se impresiona con las melodías o las líricas bonitas (aunque sean bíblicas) de nuestras canciones. El mira las motivaciones que nos hacen escribirlas o cantarlas. Tristemente, el contenido de muchas canciones que se cantan en nuestros altares revela a gritos las motivaciones vanas de un pueblo cristiano que ha perdido su norte.

Es hora de arrepentirnos y volver a Dios. Es tiempo de tornarnos de vuelta a Cristo y cambiar. Solo entonces seremos testigos verdaderos de lo que Dios ha hecho en nosotros. Nuestra música renacerá con motivaciones muy distintas y dejará de tener un contenido fabricado para entonces gozar de un contenido real y convincente. Solo así se levantarán cantautores que con sus propias vidas respalden lo que dicen los mensajes de sus canciones. Solo con la integridad que produce una vida transformada por Cristo es que se puede retar al sistema del mundo con el arma más poderosa que una canción pueda transmitir: la Verdad. (Juan 14:6)

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